Bacanal
Otra vez el alcohol lo abandona a la mañana,
ayer fue mujer de labios candorosamente azules
que lo hizo príncipe de fuego a rastras.
Recuerda haber sido el alma de la noche,
pero quién destrozó finalmente las botellas,
dónde durmieron los grillos alegres.
Esta resaca no es adiós avinagrado,
no son las últimas palabras de ella
guardadas por ahí.
Ella lo ama y no podrá mentirlo,
las mangas de su traje aún guardan su olor,
las mangas de su traje no son celda suficiente.
Está resaca no es el reclamo ajeno de su madre,
ni la bofetada de su padre.
Su hermana no está ahí de flor incondicional.
Ayer fue coronado en los brazos del banquete.
Sus copas besaban la sonrisa de todos los invitados.
Es el mejor anfitrión del mundo.
El mejor anfitrión en casa de sus padres;
en lugares afamados y las catacumbas.
Sus mejores deseos los reciben ellos.
Lo recuerdan en los pechos de la noche.
Puede ofender a todo el mundo sin lastimarlo.
Esta resaca no es de recién nacido.
Su lengua se clava
siempre con suavidad.
Abraham Truxillo