Meteorito
Ayer un meteorito arrasó
no sé qué ciudad extranjera,
me dijeron.
En mi sueños yo también
arrasaba una ciudad.
Todo era panspermia a tu lado.
Y al despertar me fui siguiendo
tus caderas
hasta estrellarnos de nuevo;
salir expulsados hacia la estratósfera
dulcemente.
El meteorito cayó por la mañana.
Debió ser cuando yo pastaba
entre tus piernas.
Dicen que el mundo estuvo a punto de salvarse.
Como en este instante,
entonces alguien habló de guerra.
Si me miras, uno de mis brazos ya es polvo;
el otro apenas es un retoño torpe.
Son proporciones espeluznantes y tiernas
como este espasmo de abrirte el corazón
y quedarme dentro.
Todo fue una treta, se supo más tarde.
Se había tratado
de un ataque atómico directo.
Pero lo que yo quería decirte es otra cosa.
Son tus muslos nadadora.
Desanuda mi corbata.
Amásame en tus piernas,
un solo centro de gravedad
en nuestras órbitas.
Vamos a lavar nuestras heridas del comienzo.
Vamos a fumar,
vamos a fumarnos, baby,
yeah, yeah,
tanto y tanto.
Volutas de humo,
el vals de la cabaña,
triste danzón de amor.
Abraham Truxillo