Limón partido
Si partimos en dos un limón,
ambas mitades toman conciencia
de sí mismas,
en el cuchillo se reflejan
y luego se miran
con desconfianza
una a otra.
Queda sembrada la semilla
de la duda.
Se sienten irreconciliables,
fruto de un engaño.
De este malentendido
sigue una amarga separación.
Cortantes
se marchan sin despedirse.
Buscan en otro lugar
el medio limón.
Su verdadera tragedia es,
desde luego,
que nosotros los consumimos partidos.
Abraham Truxillo