Folk de la pobreza
En ocasiones le acontece la pobreza.
No es mal abrupto como gato que descuelga el techo
a pelona garra;
es oruga incandescente.
Su pobreza cruza arroyos para llegar a él.
Días antes se anticipa en las cuentas
de la ciencia monetaria.
Son tres bolas de impacto común
en la mesa de billar capitalista.
Sucede con descuido y sin decoro:
es curso que no abre, contrato que no cierra.
Su temperamento sacude pulgas de resignación
cuando la pobreza llega.
Siente que los muros amenazan,
los pasos se hacen pequeños en la alcoba,
sus manos se llenan de pelo:
quiere abofetearse, trepar por las paredes.
Es entonces que lima sus contrarios:
descuelga su traje negro de pobreza,
usa por fuera sus bolsillos de pobreza,
entona el folk de la pobreza.
Es un ilusionista sin trucos,
un amante que calla sin argumentos,
y frente a las arcas de la nada
mira su suerte relumbrar.
Abraham Truxillo